Escuela SAMU en Sierra Nevada

Escuela SAMU ofrece formación de altura en una nueva acampada de invierno en Sierra Nevada

El silencio del amanecer en Sierra Nevada se rompió con el sonido de las primeras pisadas sobre la nieve. Bajo un cielo despejado y con temperaturas bajo cero, un grupo de futuros profesionales sanitarios se preparaba para enfrentar uno de los mayores desafíos de su formación: la Operación Colmillo Blanco.

Este ejercicio, que forma parte del Máster de Enfermería en Urgencias, Emergencias, Catástrofes y Acción Humanitaria de Escuela SAMU y la Universidad CEU San Pablo, se desarrolló del 3 al 7 de febrero en el área recreativa de Fuente Alta, a pocos kilómetros de la estación de esquí de Pradollano (Granada).

La acampada reunió a alumnos del máster de enfermería; estudiantes de los ciclos formativos de Técnico en Emergencias Sanitarias (TES), Técnico en Emergencias y Protección Civil (TEPC) y Técnico Superior de Coordinación de Emergencias y Protección Civil; instructores y profesionales externos. Todos afrontaron una convivencia en un entorno hostil, donde el frío, la nieve y la altitud pusieron a prueba sus habilidades físicas y mentales.

El campamento, planificado por un gabinete compuesto por ocho alumnos y dos instructores, se desplegó en un terreno de casi 1.000 metros cuadrados a una altitud de entre 1.980 y 2.140 metros. Para ello, se instalaron tiendas Hilleberg y se aseguró la logística necesaria para la supervivencia durante cuatro días.

El propósito de la Operación Colmillo Blanco era doble: formar a los participantes en la construcción y mantenimiento de un campamento seguro en condiciones de frío extremo y reforzar sus competencias en la atención sanitaria en entornos hostiles. Para ello, los alumnos recibieron formación práctica en vestimenta térmica, rescates en montaña, anclajes de seguridad y técnicas de evacuación de víctimas.

Las jornadas estuvieron marcadas por una combinación de esfuerzos físicos y decisiones críticas. La progresión con crampones y piolet, la autodetención en pendientes, la construcción de refugios y el rapel en hielo fueron solo algunas de las pruebas que afrontaron los participantes.

Desde el equipo docente de Escuela SAMU explican que para los estudiantes es muy importante realizar prácticas en estas condiciones medioambientales, ya que se producen muchos aspectos particulares que los sanitarios deben tener en cuenta a la hora de trabajar. “En una asistencia en alta montaña hay que tener en cuenta muchas variables como, por ejemplo, la ventilación del paciente y la presión pulmonar cuando se realiza ventilación mecánica, así como su temperatura corporal. El metabolismo cambia en estas circunstancias y son cosas que nuestros alumnos tienen que aprender in situ”.

Los talleres y actividades que se realizaron durante estas jornadas se estructuraron en cuatro bloques de formación: técnicas de desplazamiento en nieve y hielo (uso de crampones y piolet, progresión en terrenos helados y maniobras de autodetención en caso de caídas); rescate y evacuación (movilización de camillas en zonas escarpadas, ascenso con contrapeso, descensos con polipasto y maniobras de tirolina); supervivencia y refugios (construcción de vivacs en nieve, gestión de anclajes de fortuna y adaptación del campamento a condiciones extremas); y autorrescate en avalanchas (uso de detectores de víctimas de avalancha, protocolos de búsqueda y rescate, y uso de sondas y palas en nieve compactada).

El mantenimiento del campamento exigió turnos de guardia tanto nocturnos como diurnos. Durante la noche, cada binomio de alumnos aseguró la vigilancia y el control de las condiciones meteorológicas, garantizando la seguridad de sus compañeros y del material. Las temperaturas descendieron hasta los -6°C, lo que hizo especialmente exigente la resistencia a la intemperie.

La última jornada, mientras parte de los integrantes de la expedición desmontaban y recogían el campamento, otro grupo realizaba una de las actividades más esperadas de la acampada: el tradicional ascenso al Veleta, la cuarta cumbre más alta de España por detrás del Teide, Mulhacén y Aneto.

Al concluir la acampada, los participantes fueron sometidos a una evaluación integral que analizó su desempeño en la toma de decisiones, la capacidad de adaptación y la gestión de los recursos.

Los instructores destacaron la mejora progresiva en la resistencia física y mental de los alumnos, así como su capacidad para actuar en equipo y resolver situaciones de alta complejidad. La tradicional acampada de supervivencia de invierno consolidó su reputación como una de las experiencias formativas más exigentes de Escuela SAMU.

Esta acampada, más allá del aprendizaje técnico, dejó una huella imborrable en los futuros profesionales de emergencias, reforzando su vocación y preparándolos para enfrentar los escenarios más adversos con determinación y competencia.

Un enfoque social e integral frente al suicidio

El Gobierno de España no ha logrado sacar adelante el plan nacional de salud mental, pero sí ha conseguido aprobar en la misma semana el primer plan de prevención del suicidio en España. Dionisio García, psicólogo de SAMU Wellness, hace balance de este hito.

 

«¿Te contó mi hermano lo que iba a hacer si volvía a beber?…” Sabía la respuesta a aquella pregunta porque él me la dio en la última sesión que tuvimos de terapia antes de… firmar su alta terapéutica. Era marzo de 2005 cuando recibí la noticia. Su hermana era la que llamaba, y yo, el que sostenía el teléfono al otro lado. Era una de esas tardes en las que ya hacía más frío que calor en lo alto del alcor. Han pasado más de veinte años y sigo sin tener claro qué ocurrió. Sigo acordándome de aquel pescador bonachón que ingresó por problemas con el alcohol y de salud mental en un centro de tratamiento en modalidad residencial de Andalucía, y que hacía lo que prometía allá donde fuera.

El viernes 14 de febrero de 2025 se aprobó por primera vez en España un plan de prevención del suicidio que, entre sus fortalezas, incluye el uso racional de psicofármacos, la apuesta por la formación y la capacitación, y una visión de la salud mental que no se limita al aumento de recursos (que, por supuesto, necesitamos), sino que también incluye una mirada a los determinantes sociales de la salud.

Este plan establece como una de sus prioridades la atención a los grupos más vulnerables. Contempla programas específicos de apoyo para los mayores que viven en soledad, para los adolescentes, para el colectivo LGTBIQ+, y para las familias que han sufrido el golpe del suicidio y se sienten abandonadas en el duelo. Algo que le habría venido bien a la hermana de mi paciente allá en 2005.

El optimismo con el que se plantea la incorporación de este plan en nuestros equipos será siempre bienvenido. Llega tarde, pero es bienvenido.

No seré yo quien agüe la fiesta a todas aquellas personas que, a partir de ahora, se verán beneficiadas de este «plan pionero en España», según palabras de la ministra Mónica García. Sin embargo, el Gobierno no ha podido sacar adelante otro proyecto en el que se complementaban (o se habrían complementado) las ayudas a estas familias y personas afectada. Me refiero al plan de acción de salud mental, que iba en la línea de la deprescripción de psicofármacos y el refuerzo de especialistas en psicología en la Atención Primaria.

Este plan aboga por una humanización del modelo de atención que va desde implantar un uso racional de psicofármacos y una mayor prescripción social hasta buscar alternativas a la institucionalización, la sujeción mecánica y la regulación de la psicoterapia y la psicología clínica infantil. Y qué curioso que solo hayan estado a favor de este plan las comunidades de Navarra, Cataluña y Asturias, que se encuentran a años luz, en materia de sanidad, de las otras comunidades autonómicas que han negado este documento.
En España se suicidan más de 4.000 personas al año, según las estadísticas oficiales. No es nada despreciable la cifra de once personas al día que mueren en este país por suicidio, pues cada una de ellas importa.

El plan viene a ayudar al colectivo, a la sociedad que hemos creado, y nos muestra la fragilidad y vulnerabilidad que padecen un gran número de personas, quienes ahora podrán beneficiarse del cambio de modelo imperante, en el que la individualidad no puede ponerse por encima de lo colectivo.

El plan viene a quedarse y a decirnos que no se puede descontextualizar y poner en la persona lo que todos, como sociedad, hemos generado: angustia, ansiedad, miedo a elegir, renuncias, frustraciones, inmadurez…

Las fortalezas tampoco pueden recaer sobre los cambios que va a proponer este plan. Cada uno de los organismos tiene que asumir sus propias mejoras para facilitar vivienda, empleo, salud, educación y servicios a la dependencia, que es donde reside la calidad de vida del individuo y la sociedad. Una sociedad con salud emocional, física, psíquica, ambiental y rica en valores humanos inhibe en gran parte el sufrimiento individual. Ese sufrimiento individual que obliga a las personas a elegir cuando están, en sentido figurado o no, en un octavo piso y con su casa quemándose, entre quedarse o saltar.

La labor que se realiza en los equipos asistenciales de SAMU Wellness es verdaderamente admirable. Cada día aporto no solo mis conocimientos y habilidades, sino también mi humanidad, empatía y un deseo genuino de ayudar. Junto a mis compañeros y compañeras, enfrentamos situaciones emocionalmente desafiantes, pero juntos creamos un ambiente donde la compasión y la comprensión son la norma. Nuestro trabajo va más allá de la atención directa; buscamos construir un entorno en el que cada persona se sienta valorada y apoyada.

La colaboración entre disciplinas enriquece aún más nuestro enfoque. Al integrar perspectivas psicológicas, sociales y médicas, logramos una visión holística del bienestar de cada persona. Esta sinergia es esencial para ofrecer un tratamiento no solo efectivo, sino también profundamente personalizado, adaptado a las necesidades únicas de quienes confían en nosotros.

Es motivador ver cómo cada uno de nosotros comparte su conocimiento y experiencia con un objetivo común: mejorar la vida de quienes están en riesgo. La dedicación a nuestros pacientes es digna de valorar en la lucha contra el suicidio y en la promoción de la salud mental, recordándonos que, en la conexión humana y el apoyo mutuo, reside una poderosa fuerza de sanación.

En aquella sesión con la que iniciaba este artículo, el paciente me verbalizó que, si volvía a beber, se ahorcaba, y eso hizo. Para eso me llamaba su hermana, para decirme lo que le había sucedido a su hermano. Quizás este plan que se pone en marcha sirva para que muchas de esas personas que están entre la vida y la muerte elijan la vida.