En un local luminoso del distrito Macarena, en Sevilla, cerca del Parlamento de Andalucía, mujeres de distintas edades, orígenes y trayectorias se dan cita cada semana en el Espacio Ámbar para compartir tiempo, aprender, apoyarse y, sobre todo, para mirar al futuro con esperanza. Allí, en las instalaciones de Espacio Ámbar de Fundación SAMU, se desarrolla desde marzo de 2024 el programa Resurge Mujer, una iniciativa del área de Igualdad, Género y Familias que ofrece acompañamiento integral a mujeres migrantes en situación de especial vulnerabilidad, en colaboración con otras entidades sociales.
El programa nació con el respaldo del Instituto Andaluz de la Mujer de la Junta de Andalucía y tiene como objetivo facilitar procesos de inserción sociolaboral desde una mirada respetuosa, interseccional y comprometida. En su primer año, han participado 38 mujeres procedentes de 12 países distintos: Colombia, Marruecos, Perú, Nicaragua, El Salvador, Ucrania, Costa de Marfil, Rumanía, Nigeria, Honduras, Bolivia y Senegal. Muchas de ellas se encuentran en una situación administrativa irregular o en procesos de regularización. Algunas son víctimas de violencia de género. Otras han sido apartadas en sus familias por su orientación o identidad. Otras llegaron huyendo de la guerra o la pobreza. Y todas comparten un mismo punto de partida: la necesidad de rehacer sus vidas desde la seguridad, el acompañamiento y la confianza.
A diferencia de otros recursos, Resurge Mujer no exige requisitos administrativos para la participación. Esto permite atender a mujeres que habitualmente quedan fuera de los programas institucionales, lo que ha sido clave para llegar a perfiles especialmente vulnerables. La edad media de las participantes es de 40 años, pero el abanico generacional es amplio: hay mujeres jóvenes que inician su vida laboral y también mayores que buscan integración social, como el caso de una mujer de 82 años que, acompañada por su hija, participa en los talleres para aprender español y mantenerse activa.
Muchas de ellas no tienen redes de apoyo. Algunas viven en asentamientos, otras cuidan solas a sus hijos, otras arrastran secuelas emocionales tras largos procesos migratorios. “Llegan con un enorme desgaste, con la autoestima muy baja, sintiéndose fuera de todo”, explica un miembro del equipo de Fundación SAMU. “Nuestro primer objetivo es reconstruir un espacio seguro, donde puedan reconocerse como personas sujetas de derechos y recuperar la confianza en sí mismas”.
Una vida en reconstrucción
El programa se organiza en torno a ciclos temáticos que se repiten semanalmente, con el objetivo de crear rutinas estables, comprensibles y accesibles. Cada día de la semana tiene una orientación específica. Los lunes se abordan temas relacionados con la prevención de la violencia de género. Los martes se dedican al empleo: currículums, entrevistas, autoconocimiento profesional y simulaciones. Los miércoles están orientados al autocuidado, con talleres de expresión corporal, cerámica, automasaje y bienestar emocional. Los jueves se trabajan los derechos, la integración comunitaria, la gestión del tiempo y los recursos económicos. Los viernes, el Café-Cháchara abre sus puertas como espacio para mujeres no hispanohablantes, una propuesta distendida para aprender español mientras se toma un café y se habla de la vida.
Este sistema por ciclos permite que cada mujer elija en qué espacios participar, según su momento personal. «La participación es libre pero continua. Eso les da libertad, pero también estructura. Saben qué se hace cada día y eso genera seguridad”, explican desde el equipo de Resurge Mujer. La asistencia, de hecho, ha sido constante y sostenida en el tiempo.
“Resurge Mujer es una red donde sostenerse, un lugar donde encontrar un rayito de luz en la adversidad”, continúa Cristina Adame, educadora-formadora de este programa. «Es un refugio, un lugar donde sentirse segura», añade Silvia Naranjo, psicóloga del equipo. «Un caldero de iniciativas que persiguen una transformación», concluye Elena Aguilar, trabajadora-educadora social.
Talleres para la vida real
Entre junio y diciembre de 2024 se han desarrollado 64 talleres agrupados en cinco grandes bloques: violencia de género, aprendizaje del idioma, habilidades para el empleo, gestión del tiempo y economía, e integración y derechos. Los contenidos son muy prácticos: cómo buscar trabajo por internet, cómo enfrentarse a una entrevista, cómo redactar una carta de presentación, cómo organizar un presupuesto doméstico, cómo identificar redes de apoyo, cómo homologar un título extranjero o cómo protegerse ante situaciones de violencia.
Uno de los talleres más valorados es el Café-Cháchara, que imparte la voluntaria Clara Bernal, alumna del ciclo formativo de Grado Superior de Técnico en Integración Social de Escuela SAMU. Se celebra cada viernes por la mañana y está dirigido a mujeres que apenas dominan el español. “No es una clase de idioma al uso. Es un espacio donde se sienten cómodas, donde se ríen, donde se atreven a hablar, a equivocarse, a preguntar. Hacemos juegos, salimos a comprar pan, vamos al mercado. Aprenden español practicando, pero también se hacen amigas”, destacan desde Fundación SAMU.
Estos talleres se desarrollan en red con la colaboración de otras entidades sociales, como es el caso de la Liga Española de Educación. Recientemente esta entidad ofreció un taller dentro del proyecto SIAR (Servicio Integral de Apoyo contra el Racismo) que impartió la educadora y trabajadora social Marta Medrano.
El equipo del programa está formado por una trabajadora social, una psicóloga, una pedagoga y una socióloga. Todas trabajan en coordinación y desde una misma línea de intervención. Además de las actividades grupales, cada mujer tiene un itinerario individual de acompañamiento, que incluye atención psicológica, orientación laboral, seguimiento formativo y asesoramiento jurídico.
“El equipo no se limita a dar talleres”, resume Jara Díaz, coordinadora del programa. “Este es un espacio compartido de crecimiento y cuidado, donde participantes y profesionales aprenden unas de otras, tejiendo, sin prisas, un lugar seguro, creativo y lleno de vida”.
En apenas diez meses de vida, Resurge Mujer ha logrado transformar vidas. El 92% de las participantes ha mejorado su nivel de autoestima y confianza. El 85% ha reducido su situación de vulnerabilidad. Más del 80% ha adquirido herramientas para gestionar su tiempo y su dinero. El 20% ha conseguido empleo. Muchas han iniciado trámites de homologación de estudios o regularización. Varias han participado en prácticas formativas. Y casi todas han construido lazos de apoyo que permanecen fuera del aula.
El nombre del programa no es casual. Resurge habla de volver a levantarse, de salir a flote, de empezar otra vez. No desde el asistencialismo, sino desde el reconocimiento mutuo. No desde el sacrificio, sino desde la dignidad. Resurge Mujer no es solo un programa de inserción laboral. Es una forma de estar juntas. De resistir. De volver a empezar.
8M: una semana de reflexión
Con motivo del Día Internacional de las Mujeres, el Espacio Ámbar acogió una semana de actividades abiertas a la comunidad. El 5 de marzo se organizó una sesión con adolescentes para desmontar mitos sobre el feminismo y las relaciones, en colaboración con institutos de la zona.
El 7 de marzo se celebró el taller Maternidades migrantes, un espacio de reflexión sobre qué significa ser mujer, madre y migrante, donde varias participantes del programa Resurge Mujer compartieron sus experiencias. Ese mismo día, la dinámica Mujer Raíz invitó a conectar con la propia historia a través de la siembra de esquejes.
El 12 de marzo, una de las mujeres participantes del programa impartió un taller de danza africana, que se convirtió en un acto simbólico de empoderamiento colectivo. Y el día 8, muchas se sumaron a la manifestación convocada en Sevilla.
Estas acciones permitieron visibilizar el trabajo del programa, pero también generar vínculos con el entorno. “Participar como ponentes o dinamizadoras les da un lugar. Dejan de ser receptoras y pasan a ser protagonistas”, apuntan desde Fundación SAMU.