Un estudio subraya el impacto fiscal positivo de los refugiados en EE.UU.

U nuevo estudio del gobierno de Estados Unidos ha puesto de manifiesto que el colectivo de personas refugiadas y solicitante de asilo han supuesto un abrumador impacto positivo en la economía del país en los últimos años.

Este estudio innovador realizado por el departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS) resulta bastante llamativo y revelador si se tiene en cuenta que el discurso actual sobre la inmigración estadounidense gira en torno a la problemática en la frontera sur y los temores sobre el número de solicitantes de asilo que ingresan al país.

El informe, titulado El impacto fiscal de los refugiados y asilados a nivel federal, estatal y local entre 2005 y 2019, muestra que estas personas han generado 123.800 millones de dólares en beneficios fiscales netos para la economía y los presupuestos gubernamentales de Estados Unidos, y añade que han contribuido con más ingresos fiscales que los costos que generaron al Gobierno durante este período de 15 años.

Entre las conclusiones de este estudio destaca que el gasto gubernamental en refugiados y asilados ascendió a alrededor de 457.200 millones de dólares, mientras que estas personas aportaron aproximadamente 581.000 millones de dólares en ingresos. Esto demuestra que el coste inicial de reasentar a los refugiados y procesar las solicitudes de los asilados compensa cuanto más tiempo permanezca esta población en Estados Unidos.

Otra de las conclusiones del informe hace alusión a la renta per cápita y señala que los refugiados y asilados tuvieron un impacto fiscal positivo comparable al de la población total de Estados Unidos. Esto indica que las personas migrantes se integran exitosamente en la economía estadounidense cuando se les da la oportunidad.

Impacto fiscal y cultural

El estudio publicado en el último mes se centra únicamente en las poblaciones atendidas por la Oficina de Reasentamiento de Refugiados del HHS, y, específicamente, en aquellos a quienes se les concedió asilo o recibieron el estatus de refugiados en en país después de 1980. Esto incluye a los titulares de Visados Especiales de Inmigrante de Irak y Afganistán, así como a los de Haití y Cuba. A pesar de estas limitaciones, el informe “demuestra de manera convincente el impacto fiscal y cultural positivo del programa humanitario de Estados Unidos para los refugiados”, señala el documento.

Además de estimar el impacto fiscal neto general de los refugiados y asilados, este estudio federal proporciona información interesante a la hora de tomar decisiones gubernamentales sobre programas de reasentamiento, incluida la integración y la autosuficiencia de los refugiados.

La Iniciativa sobre Refugiados y Desplazamiento Forzado (RAFDI), en un comunicado, expresó que recibe con agrado las conclusiones de este informe, que muestran que las soluciones sostenibles a los desafíos del desplazamiento forzado deben implicar la participación activa de los refugiados como contribuyentes.

RAFDI está comprometida a ampliar el espacio para nuevas perspectivas, diálogo constructivo y soluciones sostenibles para enfrentar los desafíos del desplazamiento forzado global.

SAMU rinde homenaje al equipo de búsqueda canina que participaron en las misiones humanitarias de Turquía y Marruecos

SAMU ha homenajeado al equipo de búsqueda canina que participó en 2023 en las misiones humanitarias puestas en marcha por la organización tras los terremotos de Turquía y Marruecos.

Este equipo de búsqueda canina está compuesto por Juan Hidalgo, militar en Córdoba; Antonio Miranda, miembro del GREA, y Juan Paisano, actualmente alumno de Escuela SAMU. Los tres coincidieron con Carlos González de Escalada, presidente-director general de SAMU, y Borja González de Escalada, vicepresidente de Fundación SAMU en la misión de Marruecos que SAMU activó tras el terremoto con epicentro en Ighil, en el sur del país, en septiembre de 2023. En este momento, también se encontraba en Marruecos, en concreto en la ciudad de Marrakech, Carlos Álvarez Leiva, fundador de SAMU.

Juan Hidalgo y Antonio Miranda también coincidieron en una misión anterior con Borja González de Escalada. Fue en la de Turquía, en febrero de 2023. Poco después del amanecer del 6 de febrero, cuando ya se contabilizaban por miles los muertos y desaparecidos en Turquía y Siria a causa de dos seísmos de magnitud 7,8 y 7,5 en la escala de Richter, SAMU activó un gabinete de crisis y puso en marcha una misión para enviar a la zona un equipo cinológico de búsqueda formado por tres personas: Juan Gutiérrez, como responsable del dispositivo; Juan Hidalgo, como jefe de rescate; y el guía canino Antonio Miranda. Junto a ellos, un elemento clave en la expedición: Homero, un pastor belga de seis años entrenado para labores de rescate.

En el caso de Marruecos, los voluntarios de SAMU llegaron a la zona de trabajo asignada por las autoridades del país 36 horas después del terremoto. Este inmediato despliegue fue posible gracias a una rápida toma de decisiones, a una gran capacidad de respuesta logística y humana, y al hecho de que SAMU cuenta con presencia en Tánger desde 2017, lo que facilitó las autorizaciones oportunas.

La primera misión estuvo formada por 19 personas: cinco médicos, dos enfermeros, ocho TES y cuatro especialistas en rescate acompañados de dos perros, con Borja González de Escalada, vicepresidente de la Fundación, como mando operativo.

La primera parte de la misión se centró en las tareas de búsqueda de supervivientes a cargo de los perros Homero y Birka. Se encontraron con un hándicap: en una zona de construcciones de adobe y piedra, el terremoto arrasó con la mayor parte de los edificios. Los vecinos y familiares habían logrado sacar a algunas personas de sus viviendas justo después del temblor, pero después ya no fue posible localizar a ninguna persona con vida.

SAMU ha querido agradecer la labor de los tres miembros del equipo de búsqueda canina, así como la de los perros Homero y Birka, así como destacar su compromiso con este tipo de misiones. De este modo, Carlos González de Escalada, presidente-director general de SAMU, y José Antonio Trujillo, director general adjunto de SAMU, le hicieron entrega a todos ellos de una placa conmemorativa, incluido a los dos caninos.

Desde 1998, SAMU acude a zonas de crisis provocadas por desastres naturales o conflictos bélicos en cualquier parte del mundo para brindar atención a la población local. En todos estos años, se ha establecido un camino desde la acción humanitaria hacia la cooperación internacional para el desarrollo, el cual ha sido posible transitar con el apoyo de diferentes aliados públicos y privados: organizaciones de la sociedad civil en el sur, los organismos internacionales y las instancias de la cooperación descentralizada española.

Cuidar y empoderar a las personas que cuidan

El 31 de enero tuvo lugar en el Palacio Municipal de Tetuán el acto de lanzamiento del proyecto de fortalecimiento de los actores territoriales para mejorar el ejercicio de los cuidados y la autonomía de las personas con discapacidad más vulnerables de los barrios Jbel Dersa, Jamaa Mezouak y Sidi Talha de Tetuán, con enfoque de derechos humanos y atendiendo las necesidades de sus cuidadoras. Es una iniciativa impulsada por la Fundación SAMU y la Asociación Hanane, con el apoyo del Ayuntamiento de Sevilla.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el 15% de la población mundial vive con algún tipo de discapacidad, y el 80% de ellas reside en países en desarrollo. En Marruecos, se estima que hay más de dos millones de personas con discapacidad, de las cuales el 53% son mujeres. Estas personas se enfrentan a múltiples barreras y desafíos para acceder a sus derechos fundamentales, como la educación, la salud, el trabajo, la participación y la protección social.

En este contexto, el papel de las cuidadoras es fundamental, ya que son las principales responsables de atender las necesidades básicas y específicas de las personas con discapacidad. Sin embargo, las cuidadoras suelen carecer de formación, recursos y apoyo, lo que afecta negativamente a su salud física y mental, así como a su autonomía personal y profesional.

El proyecto pretende mejorar las capacidades y competencias de las cuidadoras mediante cursos de formación sobre discapacidad, cuidados, derechos humanos, todo ello bajo un enfoque de equidad de género. Además, se creará una red de cuidadoras que les permitirá compartir experiencias, conocimientos y recursos, y fortalecer su autoestima y liderazgo.

El proyecto también busca mejorar las habilidades y conocimientos específicos de los profesionales de la salud que brindan los servicios de atención a las personas con discapacidad mediante una formación que será impartida a través de la Escuela SAMU. Mientras, el área de Dependencia e Inclusión Social de Fundación SAMU estará a cargo de brindar asesoramiento técnico, contribuir a la elaboración de las guías didácticas que formarán parte del programa formativo y aportar en la inclusión del enfoque de género en el abordaje de la problemática.

El acto de lanzamiento contó con la participación de más de 100 personas, entre las que se encontraban Nadia Chani, vicepresidenta del Ayuntamiento de Tetuán; María José Tinoco, directora del área de Dependencia e Inclusión Social de Fundación SAMU; Souleiman Amrani, director de la Asociación Hanane; expertos nacionales e internacionales; miembros de las organizaciones de personas con discapacidad de Tetuán; cuidadoras y familiares.

Para Nadia Chani, “estos proyectos servirán para seguir dando la importancia necesaria a este colectivo en la comunidad de Tetuán, la cual se prepara con fuerza en su programa de trabajo (2023-2028) con el objetivo de mejorar las condiciones y la calidad de su vida, a través de proyectos que contribuyan a lograr la cohesión social, garantizar la dignidad de las personas con discapacidad, y lograr el desarrollo local integral”.

El nuevo proyecto se enmarca dentro del programa de cooperación internacional de Fundación SAMU, que desde hace años desarrolla proyectos de salud, educación, inclusión y desarrollo comunitario en diferentes países de África y América Latina. Fundación SAMU cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Sevilla, y el compromiso y trabajo denodado de la Asociación Hanane, una entidad local que trabaja desde hace 15 años por la mejora de las condiciones de vida de las personas con discapacidad y sus familias en Tetuán.

Con esta intervención se espera beneficiar a unas 300 personas con discapacidad y sus cuidadoras, e indirectamente a unas 1.500 personas de su entorno familiar y comunitario. Con esta iniciativa, Fundación SAMU y la Asociación Hanane pretenden contribuir a la construcción de una sociedad más inclusiva, justa y solidaria, donde las personas con discapacidad y sus cuidadoras puedan ejercer plenamente sus derechos y desarrollar todo su potencial.

Nuevo proyecto de cooperación de SAMU en Bolivia

El área de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria de SAMU ha comenzado 2024 con la puesta en marcha de un nuevo proyecto internacional de apoyo al derecho a la vida digna y el desarrollo integral de los niños y niñas con discapacidad múltiple del Hogar San José de Bolivia durante un periodo de seis meses.

Fundación SAMU desarrolla este proyecto junto a la Fundación Alirio Henao y el apoyo del Ayuntamiento de San José de La Rinconada (Sevilla), con el cual se firmó un convenio de colaboración el 12 de enero. Gracias a este acuerdo, ambas instituciones podrán mejorar sustancialmente el servicio de terapia respiratoria con el que cuenta el Hogar San José, y que asiste a 53 niños y niñas con discapacidad.

Este centro de Bolivia brinda servicios en modalidad de internado y de Centro Día para personas con discapacidad múltiple de la ciudad de Santa Cruz y los municipios del alrededor. Los beneficiarios del internado son uno de los colectivos más vulnerables, pues se trata de menores que han sido abandonados por sus familiares, mientras que quienes asisten al Centro Día viven en sus hogares, aunque pertenecen a familias muy humildes y con escasos recursos económicos.

Para los internos, los servicios de atención integral incluyen hospedaje, alimentación, fisioterapia y terapia respiratoria, atención médica primaria, educación especial y terapia ocupacional, entre otros. Los que asisten al Centro Día reciben todas las terapias necesarias que el centro brinda.

El servicio de terapia respiratoria del Hogar San José sufre desde hace tiempo con una serie de deficiencias y dificultades. Su equipamiento es insuficiente y está obsoleto, y, además, los recursos humanos especializados con los que cuenta también son insuficientes, es decir, falta personal especializado. Por esta razón, la subvención otorgada por el Ayuntamiento de La Rinconada se destinará a la adquisición de nuevos equipos, entre el que destacan nebulizadores, aspiradores, equipo de ultrasonido, autoclave, camillas y sillas de ruedas, entre otros. Además, profesionales expertos de Fundación SAMU capacitarán al personal y a las familias del centro en atención de emergencia respiratoria a personas con discapacidad.

“Este apoyo de Fundación SAMU y el Ayuntamiento de La Rinconada es vital, pues nos va a permitir atender en momentos críticos a nuestros niños y niñas, quienes en algunos casos requieren terapia respiratoria diaria durante toda su vida. Este primer proyecto en común abre el camino de futuras colaboraciones en las que la experiencia de Fundación SAMU siga contribuyendo al desarrollo de nuestras comunidades”, señala Alirio Henao, presidente de la Fundación que lleva su nombre.

El acto de firma de convenio el 12 de enero tuvo lugar en La Rinconada y contó con la presencia de Javier Fernández, alcalde del municipio; Reyes Romero, delegada de Cooperación Internacional; y una representación de las organizaciones con las que se firmaron los convenios, entre ellos José Luis Benavente, director del área de Relaciones Institucionales de SAMU.

El periodo de colaboración entre Fundación SAMU y el Ayuntamiento de La Rinconada concluirá en junio, según lo acordado en la firma del convenio.

Hiba Allah Taouali: “Siento el dolor del pueblo marroquí como si fuera propio”

Hiba Allah Taouali Belharirs (Benimellal, Marruecos, 1993) ha participado en dos contingentes de la misión humanitaria que SAMU puso en marcha tras el terremoto de Marrakech en septiembre. La psicopedagoga se encuentra actualmente en Marruecos.

—¿Cuándo comenzó a trabajar en Fundación SAMU?
—Comencé a trabajar en Fundación SAMU hace ahora dos años, el 22 de diciembre de 2021, en un centro de menores de Sevilla, donde continúo actualmente. Las funciones que desarrollo incluyen la mediación intercultural, así como la orientación laboral. Esta última responsabilidad me fue ofrecida hace unos meses, decisión que tomé con gusto y acepté con entusiasmo.

—¿Qué destacaría del día a día de su trabajo?
—Mi labor principal radica en facilitar la comunicación entre el equipo y los menores en el centro, superando las barreras lingüísticas y resolviendo disputas que puedan surgir en la convivencia diaria, tanto entre los menores como entre ellos y los profesionales. También realizo un papel importante en la orientación laboral de nuestros menores sobre opciones de desarrollo profesional y estrategias para alcanzar metas laborales, ya que ellos llegan a Europa con un objetivo personal muy marcado: encontrar trabajo para ayudar a su familia.

—Tras el terremoto de Marrakech en septiembre de 2023, participó en uno de los contingentes de la misión humanitaria que Fundación SAMU puso en marcha horas después de la catástrofe. Además, en diciembre, participó en una caravana solidaria que también tenía como objetivo las familias afectadas por el terremoto ¿Cómo ha sido esta experiencia?
—Ciertamente, tuve la oportunidad de formar parte del segundo contingente de la misión de SAMU en Marruecos, donde colaboré con un equipo multidisciplinario compuesto por técnicos, enfermeros y médicos. Mi función como psicóloga en dicha misión consistió en proporcionar apoyo emocional a las víctimas del terremoto. Asimismo, durante el mes de octubre, participé en un programa de empoderamiento psicosocial para mujeres afectadas por el terremoto, en el que trabajé en colaboración con Project Hope y High Atlas Foundation. Durante el mes de diciembre, continuamos llevando a cabo iniciativas en este ámbito.

—¿Qué destacaría de ese primer viaje?
—Fue una experiencia única y muy enriquecedora Aprendí a abordar de manera efectiva las necesidades emocionales de las personas en situaciones de crisis y a trabajar de manera colaborativa en equipos multidisciplinarios. Además, fortalecí mis habilidades en la implementación de programas de empoderamiento psicosocial, contribuyendo al bienestar de las comunidades con las que he tenido el privilegio de trabajar. Esta vivencia ha ampliado mi perspectiva profesional y personal.

—¿En qué localizaciones estuvisteis?
—Han sido varias las localidades en las que hemos trabajado. En aquella segunda misión de octubre, fuimos a la zona de Taroudant, mientras que en la misión de diciembre, hemos estado trabajando por la zona de Al Houz.

—Tras participar en uno de los contingentes de la misión en octubre, ¿por qué decidió repetir de nuevo en diciembre?
—Mi motivación radica en la importancia de brindar ayuda a estas personas. Me propusieron participar en esta nueva misión y lo acepté sin pensarlo, ya que esta caravana solidaria presentaba características distintas respecto a la misión de octubre. En esta ocasión, nuestro objetivo era proporcionar apoyo con recursos destinados a mitigar los efectos del frío, consolidando así el compromiso que he adquirido con la asistencia humanitaria en contextos diversos.

—La caravana solidaria se desarrolló del 3 al 10 de diciembre, pero usted no ha regresado y continua trabajando en la zona. ¿Cuáles son ahora sus objetivos?
—Continuar fortaleciendo la autonomía de mujeres y niños a través del apoyo psicosocial que les brindamos. Su situación actual demanda no solo asistencia material, sino también apoyo psicológico, dado que se encuentran en un punto crítico que requiere una intervención integral para mejorar su bienestar general.

—¿Cuántos personas han participado en esta caravana solidaria?
—En este tercer contingente hemos contado con la contribución de Maribel Álvarez Leiva, quien, aunque no ha viajado con nosotros físicamente, ha desempeñado un papel activo en todas las fases de la planificación. Junto a ella, han estado el fundador de SAMU, Carlos Álvarez Leiva; Emilia García, gerente de SAMU; Antonio Luis Moreno, técnico en cooperación; e Icram Mohamed Chairi, directora de SAMU Tánger. Todos juntos hemos conformado un equipo cohesionado y comprometido para llevar a cabo nuestras actividades de manera efectiva.

—El terremoto de Marrakech ocurrió en septiembre, pero SAMU ha prolongado su misión tres meses más, ¿por qué?
—Debido a la persistencia de necesidades críticas que requieren una intervención continua. La decisión se basa en la evaluación de la situación actual, donde se identificaron desafíos y carencias específicas que aún demandan atención y apoyo. La prolongación de la misión refleja el compromiso de SAMU con el bienestar sostenible de la comunidad afectada, asegurando que las acciones emprendidas aborden de manera efectiva las necesidades en evolución y contribuyan a la recuperación a largo plazo.

—¿Qué papel ha jugado en esta última parte de la misión?
—Mi papel en esta misión era el de “inteligencia local”, como ha apodado el doctor Carlos Álvarez Leiva. En este sentido, mi labor ha consistido en seleccionar los pueblos que íbamos a visitar, tarea que ya había realizado en colaboración previa con el equipo de HAF y Project Hope en el programa de empoderamiento. Debía identificar a las familias con las que íbamos a trabajar a través de listados, las necesidades que tenían, así como la organización de la ruta y la distribución de los productos en el terreno. Además, he mantenido una comunicación constante con los responsables de los diversos pueblos, facilitando así una coordinación efectiva en todas las etapas del proceso.

—¿Qué necesidades habéis identificado en esta parte de la misión?
—Como mencioné anteriormente, nos hemos enfrentado a necesidades tanto psicológicas como materiales. Es importante destacar que estas comunidades residen en zonas montañosas y, actualmente, nos encontramos en plena temporada de invierno, con la proximidad de lluvias, nieve o fuertes vientos. Cabe recordar que las personas aún viven en jaimas, lo que complica aún más la situación dadas las condiciones climáticas adversas.

—¿En qué situación se encuentran las personas que atendéis?
—Lamentablemente, nos estamos enfrentando a una variedad de situaciones desgarradoras. En algunas familias, hemos presenciado pérdidas totales, donde han perdido todos sus bienes. Además, hemos encontrado casos extremadamente tristes, como niños que han quedado huérfanos y padres que han perdido a sus hijos… En resumen, nos encontramos frente a una verdadera tragedia que ha dejado un impacto devastador en la vida de muchas personas, evidenciando la urgencia y la importancia de nuestra intervención para brindar apoyo en estas circunstancias tan difíciles.

—Desde el punto de vista psicológico, ¿cuál es el estado de estas personas?
—La situación de las personas afectadas es bastante crítica. Aunque hemos estado llevando a cabo talleres de empoderamiento con ellos, como mencioné anteriormente, es importante destacar que este proceso lleva tiempo. En las cuatro sesiones que hemos tenido con ellos, hemos logrado ayudarles a mejorar algunos aspectos, como el afrontamiento al duelo, la reducción de la ansiedad o el manejo del estrés. Sin embargo, es necesario reconocer que estas mejoras son solo el inicio de un proceso más extenso, ya que la atención psicológica efectiva demanda un compromiso a largo plazo y un trabajo continuo.

—¿Cuál es la situación más difícil a la que se ha enfrentado en esta misión?
—Los momentos más difíciles a lo largo de esta misión han sido, principalmente, durante las sesiones individuales con las participantes con las que trabajo. Una de las experiencias más desafiantes para mí fue cuando una madre compartió cómo perdió a sus dos hijas (3 y 5 años) y a su marido en esa fatídica noche. Pasó horas viendo a sus seres queridos agonizar bajo los escombros, mientras ella también estaba atrapada bajo una pared y no pudo hacer nada para ayudar. Este relato impactante y doloroso destaca la extrema tragedia a la que se han enfrentado estas personas, y subraya la importancia crítica de ofrecer apoyo psicológico y emocional en situaciones tan angustiantes.

—La caravana solidaria, última fase, de momento, de la misión de SAMU en Marruecos ya concluyó, sin embargo, usted ha continuado su estancia en este país, ¿por qué?
—Para continuar con el desarrollo del proyecto de Project Hope. Mi papel se centra en la observación de talleres grupales e intervención en las sesiones individuales, especialmente dirigidas a mujeres y niños en los diversos pueblos en los que estamos trabajando. El enfoque implica trabajar durante cuatro días consecutivos en un mismo pueblo, atendiendo a un promedio de 30 mujeres durante ese período. Además, contamos con una cuidadora (Nany) que se encarga de los hijos de estas mujeres, permitiéndoles participar en las sesiones con tranquilidad. Mi función es seguir ofreciendo apoyo psicosocial y emocional en este proyecto a medida que avanzamos en el proceso de recuperación y empoderamiento de estas comunidades.

—¿Qué ha significado para usted esta experiencia a nivel personal?
—Esta misión tiene una significación profunda para mí, siento el dolor del pueblo marroquí como si fuera propio. Además, observar la gratitud en los rostros de los mayores y los niños es algo invaluable. En lo personal, este compromiso ha fortalecido mi aprecio por los pequeños detalles. La oportunidad de ofrecer ayuda en un entorno tan complejo ha reforzado mi convicción sobre la importancia de las acciones cotidianas y la capacidad de generar un impacto positivo en las vidas de los demás.

Mantas y kits de higiene para 250 familias del Atlas marroquí

Fundación SAMU, en colaboración con SAMU Tánger, envió una caravana solidaria a Marruecos con el objetivo de llevar útiles de higiene y abrigo para 250 familias de aldeas del Atlas afectadas por el terremoto de Marrakech sucedido en septiembre.

La caravana, liderada por efectivos de SAMU, partió de Sevilla el 3 de diciembre y regresó a la base el 10 de diciembre. Su desarrollo fue posible gracias al patrocinio del Consulado de Marruecos en Sevilla y a dos subvenciones del Instituto Municipal de Asuntos Sociales (IMAS) del Ayuntamiento de Cáceres y la Diputación de Huesca.

La misión estableció como población destinataria de la ayuda aquella ubicada en zonas más alejadas de Marrakech, al ser las personas más desfavorecidas y que a su vez tienen mayores dificultades para recibir recursos de este tipo. Así, la caravana de vehículos visitó Tinisket, Infgane, Tinmal, Tizagharine y Taghreghist. La última de ellas está situada a unos 100 kilómetros de Marrakech y a unos 700 kilómetros de Tánger. Los paquetes que se distribuyeron en estas poblaciones incluían elementos para el frío, mantas, chubasqueros y kit de higiene (gel, barreño, toallitas y detergente).

Participaron en la misión el doctor Carlos Álvarez Leiva (dirección), Icram Mohamed Chairi (subdirección), Antonio Luis Moreno (mando), Hiba Allah Taouali Belharir (jefe de equipo en zona), Emilia García Quirós (personal de apoyo) y Maribel Álvarez Leiva (elemento retrasado).

Hiba Allah subrayó que, tras el terremoto, la población sigue teniendo necesidades tanto psicológicas como materiales: “Estas comunidades residen en zonas montañosas y, actualmente, nos encontramos en plena temporada de invierno, con la proximidad de lluvias, nieve o fuertes vientos. Son personas que aún viven en jaimas, lo que complica aún más la situación”.

Esta caravana solidaria a Marruecos sigue la estela de los contingentes de SAMU que han trabajado en el país vecino desde el terremoto que asoló el sur del país en septiembre.
Tras el seísmo, la entidad volvió a demostrar su capacidad operativa y de respuesta con la misión desplegada en las zonas más afectadas por el terremoto entre el 9 y el 29 de septiembre.

Dos expediciones de voluntarios, respaldadas por Project HOPE, se relevaron sobre el terreno durante todo el mes. La primera se centró en la búsqueda de supervivientes con la unidad cinológica y en primeras intervenciones sanitarias en Adassil, a 100 kilómetros de Marrakech, y sus alrededores. La segunda, establecida en Tigouga (Taroundant), realizó tareas de asistencia sanitaria a la población de zonas de difícil acceso. Los equipos de SAMU realizaron más de 600 intervenciones y su labor, en muchos casos, sirvió para salvar vidas.

Los voluntarios de SAMU llegaron a la zona de trabajo asignada por las autoridades del país en 36 horas. Este inmediato despliegue fue posible gracias a una rápida toma de decisiones, a una gran capacidad de respuesta logística y humana, y al hecho de que SAMU cuenta con presencia en Tánger desde 2017, lo que facilitó las autorizaciones oportunas.
La primera misión estuvo formada por 19 personas: cinco médicos, dos enfermeros, ocho TES y cuatro especialistas en rescate acompañados de dos perros, con Borja González de Escalada, vicepresidente de Fundación SAMU, como mando operativo.

La primera parte de la misión se centró en las tareas de búsqueda de supervivientes a cargo de los perros Homero y Birka. Se encontraron con un hándicap: en una zona de construcciones de adobe y piedra, el terremoto arrasó con la mayor parte de los edificios. Los vecinos y familiares habían logrado sacar a algunas personas de sus viviendas justo después del temblor, pero después ya no fue posible localizar a ninguna persona con vida.

Junto a estas labores de búsqueda, SAMU mantuvo activo un puesto médico avanzado en Adassil y realizó cada día expediciones a aldeas de los alrededores, conforme se iban limpiando los caminos. Se visitaron más de 20 aldeas. También se llevaron a cabo tras-lados en ambulancia a hospitales de ciudades como Marrakech o Tánger. “No hemos logrado rescatar supervivientes, pero sí hemos salvado vidas, y esto le da sentido y un gran valor al esfuerzo de todos”, señaló, a su regreso, el mando operativo.

El primer contingente fue relevado de forma inmediata por una segunda expedición, bajo petición de las autoridades locales y de Project HOPE. Estuvo formada por 10 personas (dos médicos, un enfermero, cinco TES, una psicóloga y un médico), bajo el mando operativo de Andrés Rodríguez Holst.

La misión se dirigió a la aldea de Tigouga, a unos 300 kilómetros de Marrakech y cerca del epicentro del seísmo. La labor de los sanitarios de SAMU fue muy importante para dar continuidad a los cuidados inmediatos. Además, se atendió a mujeres embarazadas, niños y adultos dependientes o personas con enfermedades crónicas.
Tras este segundo contingente, SAMU puso en marcha una misión de apoyo psicológico con el envío de tres especialistas al terreno de la mano de la ONG local High Atlas Foundation.

El área de Cooperación de SAMU inicia dos proyectos en Marruecos

El área de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria de Fundación SAMU cierra este año, en el que la organización cumple 25 años de trabajo, con dos nuevos proyectos de intervención en Marruecos puestos en marcha con el apoyo de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo y el Ayuntamiento de Sevilla.

De la mano con la Asociación Hanan, organización local con amplia experiencia en el trabajo para el cumplimiento de los derechos de las personas con discapacidad, Fundación SAMU ha dado el pistoletazo de salida a estas dos iniciativas que, en su conjunto, contribuirán a la autonomía de más de 280 personas con discapacidad intelectual y motora, y a fortalecer las capacidades de 1.360 familiares y 120 profesionales para el cuidado y la mejora de los servicios de atención, incrementando también las capacidades de los gobiernos locales y de las ONG para brindar la atención necesaria.

“De esta manera, a la vez que promovemos su inclusión y el reconocimiento como sujetos de derechos, visibilizamos, protegemos y facilitamos el rol de más de 800 cuidadoras”, explica Lucero Hernández Zúñiga, del área de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria.

Estos proyectos, que se centrarán en áreas rurales y urbanas de la zona de Tetuán, tendrán una duración total de 18 meses y contarán con el respaldo en la capacitación y la asesoría del personal del área de Dependencia e Inclusión Social de la Fundación SAMU, expertos en la atención de las personas con discapacidad.

“Ya hemos arrancado actividades con las primeras reuniones de coordinación y la aprobación del plan de trabajo con el conjunto de los actores para que, a partir de enero, podamos comenzar con los estudios diagnósticos para identificar las necesidades de formación de los profesionales que atienden a las familias de las personas con discapacidad, contando con las aportaciones técnicas de instituciones públicas y organizaciones tanto en Tetuán como en Andalucía”, señala Lucero Hernández.

El director de la Asociación Hanan, Soleiman Amrani, por otro lado, agradece la colaboración de SAMU. “Es un aliciente para nosotros contar con el apoyo de Fundación SAMU y con los recursos de la cooperación andaluza para apoyar a las familias de las personas con discapacidad, especialmente los niños y niñas, quienes, a su vez, presentan otras circunstancias sociales y económicas que los hacen muy vulnerables. Aún no nos hemos repuesto de las consecuencias desencadenadas por la pandemia del Covid-19, así que nos motiva el trabajo articulado que hemos emprendido con la Fundación”, destaca.

Por otro lado, después de la acción de emergencia desarrollada por SAMU en Marruecos tras el terremoto de septiembre, la organización continúa presente allí con la acción humanitaria. “Al concluir la fase de primera respuesta a la emergencia en Marrakech por el terremoto del 9 de septiembre de 2023, hemos continuado llevando ayuda a las familias afectadas que, ante la pérdida de sus hogares y sus medios de vida, continúan requiriendo apoyo humanitario”, comenta Lucero Hernández.

Con el soporte de la Diputación de Huesca, el Ayuntamiento de Cáceres y SINERGO, SAMU ha canalizado ayuda para 1.250 personas de 250 familias de la zona afectada, a quienes se les ha entregado suministros esenciales como jabón, detergente, barreños, mantas, cubiertas para viviendas temporales, aislantes para colchonetas, y chubasqueros, entre otros.

La misión de Marruecos prosigue con apoyo psicológico

Después de la misión de sanitarios desplegada en Marruecos entre el 9 y el 29 de septiembre, Fundación SAMU ha desplazado a un equipo especializado móvil para prestar apoyo psicológico a los damnificados por el terremoto que asoló las zonas rurales del sur del país y que dejó más de 3.000 personas fallecidas y 5.000 heridos.

Esta iniciativa, que arrancó el 3 de octubre, ha permitido proyectar a tres psicólogos en el país, uno como observador y dos integrados en la ONG marroquí High Atlas Foundation, con la colaboración del equipo de Project HOPE.

Los objetivos de esta misión son, en primer lugar, brindar apoyo psicológico a los damnificados por el terremoto, y, en segundo lugar, realizar registro de datos.

El equipo se ha establecido en Marrakech, desde donde se realizan rutas diarias para prestar asistencia en las distintas zonas afectadas por el seísmo. Cada equipo divide sus tareas en valoración de los pacientes, terapia individual, valoración de seguimiento, valoración de terapias con grupos de niños, seguimiento de los casos que así lo requieran y registro de la actividad.

Fundación SAMU completará de esta forma un proyecto de apoyo completo tras el desastre humanitario que supuso el terremoto del 8 de septiembre, un temblor de magnitud 7 en la escala de Richter y con epicentro en Ighil, en el sur del país.

En primer lugar, la organización demostró su capacidad operativa y de respuesta inmediata enviando efectivos sanitarios y de búsqueda a la zona en menos de 48 horas.

Dos expediciones de voluntarios, respaldadas por Project HOPE, se relevaron sobre el terreno durante septiembre. La primera se centró en tareas de búsqueda de supervivientes con la unidad cinológica y en primeras intervenciones sanitarias en la localidad de Adassil, a 100 kilómetros de Marrakech, y sus alrededores. La segunda, establecida en Tigouga, en la provincia de Taroundant, realizó tareas de asistencia sanitaria a la población de zonas más apartadas y de difícil acceso. Los equipos de SAMU realizaron más de 600 intervenciones y su labor, en numerosos casos, sirvió para salvar vidas.

En este segundo contingente, bajo el mando de Andrés Rodríguez Holst, ya figuraba una psicóloga que pudo ofrecer charlas comunitarias y acometer los síntomas tempranos de estrés postraumático que ya se estaban revelando entre la población.

El nuevo proyecto de apoyo psicológico da continuidad a ese primer acercamiento. El trabajo de los especialistas se prolongará entre tres y cuatro meses.

Misión SAMU Marruecos: «No hallamos supervivientes, pero sí salvamos vidas»

Fundación SAMU ha vuelto a demostrar su capacidad operativa y de respuesta inmediata con la misión desplegada en Marruecos entre el 9 y el 29 de septiembre tras la crisis provocada por un terremoto de magnitud 7 en la escala de Richter y con epicentro en Ighil, en el sur del país, que ha dejado más de 3.000 personas fallecidas y más de 5.000 heridos.

Dos expediciones de voluntarios, respaldadas por Project HOPE, se han relevado sobre el terreno durante todo el mes. La primera se centró en tareas de búsqueda de supervivientes con la unidad cinológica y en primeras intervenciones sanitarias en la localidad de Adassil, a 100 kilómetros de Marrakech, y sus alrededores. La segunda, establecida en Tigouga, en la provincia de Taroundant, realizó tareas de asistencia sanitaria a la población de zonas más apartadas y de difícil acceso. Los equipos de SAMU realizaron más de 600 intervenciones y su labor, en numerosos casos, sirvió para salvar vidas.

Pocas horas después del temblor de tierra, Fundación SAMU activó un gabinete de crisis y preparó un equipo médico de primera intervención para su traslado a Marruecos. El dispositivo partió el mismo sábado y llegó a Adassil, la zona de trabajo asignada por las autoridades del país, en apenas 36 horas.

Despliegue inmediato

Este inmediato despliegue fue posible gracias a una rápida toma de decisiones, a una gran capacidad de respuesta logística y humana, y también al hecho de que SAMU cuente con presencia corporativa en Tánger desde 2017, lo que facilitó las autorizaciones oportunas para enviar este contingente de ayuda.

La primera misión desplegada en Marruecos estuvo formada por 19 personas: cinco médicos, dos enfermeros, ocho técnicos de emergencias sanitarias y cuatro especialistas en rescate acompañados de dos perros.

Este equipo estaba dividido en dos unidades: un equipo principal de búsqueda procedente de Andalucía que partió de Sevilla, formado por 10 personas, además de los dos canes, complementado por dos unidades de Soporte Vital Avanzado (SVA) procedentes de SAMU Tánger. A este dispositivo se unió el presidente de honor y fundador de SAMU, el doctor Carlos Álvarez Leiva, que se encontraba en Marrakech en el momento del terremoto.

Carlos González de Escalada, presidente-director general de SAMU, participó en la misión como responsable de relaciones institucionales; y Borja González de Escalada, vicepresidente de Fundación SAMU, ejerció como mando operativo de este primer contingente.

La agrupación estuvo equipada con seis vehículos: un vehículo de primera intervención; una ambulancia de Soporte Vital Avanzado (SVA); una unidad de rescate quirúrgico y tres vehículos todoterreno.

La expedición de Sevilla llegó a Tánger por ferry en la noche del sábado, un día después del suceso, y se trasladó por carretera hasta Marrakech. Allí, la misión recibió la autorización del gobernador de Marrakech para trasladarse a Adassil y comenzar allí las tareas sanitarias y de rescate. La Clínica Internacional de Marrakech también ofreció un apoyo decisivo en las gestiones locales.

Búsqueda de supervivientes

La primera parte de la misión se centró en las tareas de búsqueda de supervivientes a cargo de los perros Homero y Birka. Se encontraron con un hándicap: en una zona de construcciones de adobe y piedra, el terremoto arrasó con la mayor parte de los edificios, provocando un desplome total de las estructuras. Los vecinos y familiares habían logrado sacar a algunas personas de sus viviendas justo después del temblor, pero después ya no fue posible localizar a ninguna persona con vida: no quedaba espacio para resistir bajo los escombros.

“Al ver aquello tuve claro que si había alguien debajo estaba ya en el otro mundo. No eran escombros, era tierra. Allí estaba todo enterrado, como si la tierra de la montaña junto a la que estaban las casas lo hubiera tapado todo. Era imposible que de allí saliera alguien con vida”, relata Juan Hidalgo, al frente de una de las unidades de rescate canino. “Costaba imaginar que allí antes hubieran vivido decenas o centenares de familias. La posibilidad de vida se reducía a la nada”, añade su compañero Juan Miguel Paisano, que, junto al guía Antonio Miranda, completan este equipo.

Junto a estas laboras de búsqueda, Fundación SAMU mantuvo activo un puesto médico avanzado en Adassil. Allí se atendió a las personas heridas durante el terremoto y también a aquellas que tuvieran cualquier necesidad sanitaria.

Además, el equipo realizó cada día diferentes expediciones a aldeas de los alrededores, conforme se iban limpiando los caminos rurales de escombros. Se visitaron más de 20 aldeas. También se llevaron a cabo traslados en ambulancia medicalizada a hospitales de mayor entidad en ciudades como Marrakech e incluso Tánger.

La primera expedición de SAMU a Marruecos regresó una semana después de su partida con más de 120 intervenciones sanitarias realizadas. Algunas de ellas han sido de gravedad, cuestión de vida o muerte, según explica Borja González de Escalada: “No hemos logrado rescatar supervivientes, pero sí hemos salvado vidas, y esto le da sentido y un gran valor al esfuerzo del equipo, de toda la organización y de todas las personas y entidades que nos apoyan”.

Una de las intervenciones más graves fue el episodio crítico sufrido por una niña que llegó al puesto médico con una cámara de bicicleta a modo de torniquete en su brazo izquierdo, que estaba fracturado. El estado de la paciente empeoró hasta el punto de tener que ser intubada por el equipo y trasladarla de urgencia a la Clínica Internacional de Marrakech, donde fue intervenida.

Otros casos destacados fueron la atención a un chico que sufrió un ataque epiléptico que puso en peligro su vida, y otro niño con un traumatismo craneoencefálico severo. Además, se realizaron numerosas atenciones a personas a las que se habían realizado curas de emergencia pero sin ningún tratamiento ni seguimiento.

Relevo inmediato

El primer contingente fue relevado de forma inmediata por una segunda expedición, bajo petición de las autoridades locales y de Project HOPE. Estuvo formada por 10 personas (dos médicos, un enfermero, cinco TES, una psicóloga y un médico), bajo el mando operativo de Andrés Rodríguez Holst.
La misión se dirigió a la aldea de Tigouga, en la provincia de Taroudant, a unos 300 kilómetros de Marrakech y cerca del epicentro del seísmo. Este fue el destino asignado por las autoridades marroquíes.

Los voluntarios estaban agrupados en equipos móviles con capacidad logística ligera y capacidades para la autosuficiencia. Dos equipos sanitarios se desplazaron a numerosas aldeas con vehículos 4×4 y, de esta forma, consiguieron acceder a poblaciones más apartadas y de difícil acceso.

Los habitantes de estos lugares habían recibido asistencia médica inmediata tras el terremoto y los más graves habían sido evacuados. Sin embargo, después dejaron de recibir asistencia, por lo que la labor de los sanitarios de SAMU fue muy importante para curar heridas, retirar vendajes, quitar suturas y, en definitiva, dar continuidad a los cuidados inmediatos. Además, se atendió a mujeres embarazadas, niños y adultos dependientes o personas con enfermedades crónicas, como hipertensos y diabéticos.

Andrés Rodríguez Holst reconoce que la presencia en el equipo de una psicóloga permitió ofrecer charlas comunitarias y acometer los síntomas tempranos de estrés postraumático que ya se está revelando entre la población. Desde el 18 de septiembre y durante sus diez días de trabajo, este segundo contingente asistió a medio centenar de personas cada día, hasta sumar más de 500 intervenciones, a falta de balance oficial.

Ola de solidaridad

Borja González de Escalada ha destacado la ola de solidaridad del pueblo marroquí con sus vecinos, con miles de personas desplazándose a las zonas afectadas con sus vehículos cargados de agua, pan y mantas en las primeras jornadas que siguieron al desastre. También ha subrayado el enorme agradecimiento que ha vivido su equipo por parte de los propios marroquíes, que aplaudían y saludaban a los vehículos de SAMU durante todo su recorrido desde Marrakech a Tánger.

La misión de SAMU ha contado con el respaldo de la ONG estadounidense Project HOPE, colaboradora habitual de la entidad en proyectos de ayuda internacional.

SAMU cuenta con presencia corporativa en Tánger desde 2017 y, en la última década, ha desplegado hasta tres misiones humanitarias en el país. De hecho, la organización estuvo en el terremoto de Alhucemas de 2004.

Una escuela que mira al mundo

SAMU y su escuela de emergencias cuentan desde hace ocho años con la colaboración de la empresa Global Education and Career Development Abroad (GlobalEd), especializada en el desarrollo de programas de educación internacional que permiten a estudiantes norteamericanos viajar a Sevilla para mejorar sus conocimientos académicos y/o realizar prácticas formativas.

Steven Davis, fundador y director de GlobalEd, lleva 23 años trabajando en el sector de los estudios extranjeros, pero no se independizó y formó su propia empresa hasta 2009. “Mi pasión siempre han sido las prácticas formativas. Mi objetivo es lograr que mis estudiantes aumenten su empleabilidad durante su estancia en el extranjero, es decir, sus aptitudes y actitudes para poder conseguir y conservar un empleo, además de ayudarles a lograr un curriculum de calidad que les permita tener una candidatura competitiva”.

En el ámbito sanitario, las primeras rotaciones que realizaron los estudiantes extranjeros en Sevilla fueron en el Hospital Infanta Luisa en 2011. “La primera rotación fue un éxito. Todos los médicos dijeron que les había encantado la experiencia. Y, a partir de ese momento, hubo un efecto dominó con otros hospitales”, relata Steven Davis.

La relación con SAMU y su escuela de emergencias comenzó en 2015. “SAMU y GlobalEd tienen una mentalidad y una filosofía de trabajo similar. Siempre estamos pensando en cómo seguir creciendo y mejorando”, observa Davis.

Durante los primeros años de esta colaboración, varios grupos de estudiantes de entre 18 y 23 años de la Universidad de Texas (Dallas, Estados Unidos) que querían ser médicos se formaron durante varios días en las instalaciones de Escuela SAMU, lo que les permitió conocer de primera mano la realidad del sector de las emergencias sanitarias.

En Estados Unidos, a su edad, las prácticas no son participativas, sino que los alumnos se dedican exclusivamente a observar. Sin embargo, en Escuela SAMU, los estudiantes se tienen que poner manos a la obra y participar de forma activa en cada ejercicio. “Aquí pueden llevarse hasta 14 horas trabajando sin parar y acaban completamente exhaustos, pero están encantados porque participan y están en contacto directo con las víctimas”, explica Steven Davis.

En concreto, este programa de estudio en el extranjero incluía tres semanas de formación en hospitales de Sevilla, donde realizaban rotaciones por las diferentes especialidades médicas, y otra semana de ejercicios prácticos en Escuela SAMU sobre soporte vital al trauma en el ámbito prehospitalario.

“Estudiar en el extranjero en mi época, a finales de los años ochenta, significaba una inmersión cultural y lingüística. Hoy esto ha cambiado mucho. La duración de los programas es menor y cada vez más clases se imparten en inglés. No hay una inmersión cultural ni lingüística, sino que esta experiencia se basa más en saborear y descubrir el mundo”, explica Steven Davis, director de GlobalEd. “El número de estudiantes extranjeros se ha incrementado muchísimo en los últimos treinta años y para las universidades es algo a su favor tener alumnos en el extranjero”.

Con la llegada de la pandemia, GlobalEd, al igual que otras muchas empresas, tuvo que renovarse y explorar nuevas formas de colaboración con las diferentes entidades, incluida SAMU. “Los efectos de la crisis del Covid-19 en mi sector, que se basa en estudios extranjeros, fueron catastróficos. Pasamos de 100 a menos cero. Los gastos fijos eran los mismos, pero no teníamos ingresos y, además, tuvimos que hacer frente a devoluciones de pagos realizados”, recuerda Steven Davis.

“Empezamos entonces a pensar qué podíamos hacer y una de las ideas que tuvimos fue poner en marcha prácticas online. Hablamos con universidades en Estados Unidos sobre este nuevo plan y fue nuestra salvación. El mundo no estaba preparado para una pandemia y el aislamiento que esto provocó. Había muchas carreras que requerían de prácticas para terminar los estudios. Nosotros empezamos a ofrecer prácticas online, pero muy enfocadas a empresariales, marketing, gestión, finanzas y las tecnologías de la información, principalmente. En el caso del sector sanitario, hablamos con hospitales para que nuestros estudiantes realizasen prácticas, pero siempre relacionadas con la gestión y la administración”.

Según explica el fundador de GlobalEd, conforme se comenzaban a abrir las fronteras y las normas anticovid eran más flexibles, comenzaron a desarrollar un nuevo programa de rotaciones en ambulancias junto a SAMU, en concreto en Sevilla y Málaga, pero éste no tuvo la aceptación que se esperaba.

Además, durante la pandemia, los estudiantes de GlobalEd participaron como voluntarios en varias iniciativas de SAMU First Response, la filial de SAMU en Estados Unidos. “Un grupo de alumnos de la Universidad de Dallas colaboró en la creación de conciencia y en darle visibilidad al proyecto de SAMU en Estados Unidos, ayudamos a contactar con posibles donantes y participamos durante un año en las diferentes fases del programa de acogimiento y asesoramiento de familias y menores no acompañados durante la última gran crisis migratoria vivida en EEUU”, apunta Steven Davis.

El pasado año, varios egresados realizaron prácticas formativas en la clínica SAMU Wellness, especializada en salud mental, y en la Residencia Santa Ana, que se centra en la atención a personas dependientes con daño cerebral adquirido, centro gestionado por Fundación SAMU.

Además, este año un grupo de 19 estudiantes han realizado un curso intensivo de un día en Escuela SAMU y GlobalEd ha desarrollado un programa de dos semanas con ejercicios de soporte vital de trauma prehospitalario en Escuela SAMU que se completarían con rotaciones en hospitales de Sevilla. “Este verano no hemos podido sacarlo adelante, no he logrado venderlo bien, pero es un buen programa y estamos seguros de que podremos ponerlo en marcha el próximo año. No obstante, estamos contentos porque en julio tuvimos a 100 estudiantes de manera simultánea en Sevilla y 37 de ellos realizaron prácticas en hospitales”, apunta Steven Davis.

“Ahora no tenemos un programa claro sobre la mesa con SAMU, pero no me sorprendería estar hablando de uno la semana que viene. SAMU me ve como un recurso, igual que yo los veo a ellos. Juan González de Escalada, director de Emergencias de SAMU, y todo su staff son unos grandes profesionales, especialmente, Thomas Couyotopoulo, director de escuela SAMU, y el instructor Andrés Rodríguez Holst, unos magníficos líderes y profesionales”.

“Para mí, SAMU forma parte de mi familia. Tenemos una mentalidad muy parecida, muy abierta, siempre con la intención de colaborar y de crecer juntos en muchas iniciativas”, continúa Davis, que asegura que sus estudiantes viven una experiencia única en SAMU y que “jamás podrán tenerla en EEUU”. “Aquí tienen contacto directo con el mundo de las emergencias y hospitalario. En EEUU, son demasiados jóvenes, no por edad, sino por su trayectoria académica, y no pueden realizar prácticas médicas. Mis estudiantes, cuando echan su solicitud para ser pediatras, por ejemplo, pueden explicar su experiencia y decir que han estado presentes en más de un parto o que han hecho rotaciones en cardiología, radioterapia, pediatría o urgencias”. Estos estudiantes tienen una experiencia diferente a la del resto de alumnos, lo que los hace más competitivos y únicos.