Emilia García: «Empecé limpiando ambulancias, y aquí sigo 40 años después»
Emilia García Quirós (1966, Arahal, Sevilla) es la trabajadora más veterana de SAMU. Empezó hace casi 40 años limpiando ambulancias y recientemente ha sido nombrada jefa de Servicios Corporativos en la oficina de la presidencia de Carlos González de Escalada. Para ella SAMU es sinónimo de familia.
—¿Cuándo comenzó a trabajar en SAMU?
—Llevo casi 40 años en SAMU. Empecé a trabajar un 31 de diciembre, tenía 19 años. Era mi primer trabajo, y aunque los comienzos no fueron buenos, aquí sigo. De hecho, trabajé unos días en el Hospital Virgen del Rocío. Fue el doctor Carlos Álvarez Leiva el que me animó a aceptar la oportunidad que me daban desde el Servicio Andaluz de Salud, por si aquello me gustaba más que esto, pero volví porque sentía que mi sitio estaba en SAMU.
—¿Recuerda su primer día en SAMU?
—Perfectamente. Me citó el Dr. Álvarez Leiva en el Hospital Militar, donde era jefe de la UCI. Me tuvo dos horas esperando y, tras una breve entrevista, me preguntó si quería empezar a trabajar ese mismo día. Le dije que sí y me dio en un post-it amarillo la dirección de la sede de SAMU en la calle Asunción. Cogí un taxi y me fui para allá. Para mí la calle Asunción era como la 5ª Avenida de Nueva York. Yo nunca había salido de mi pueblo. Una vez en el piso de Los Remedios, me enviaron a una nave inmensa en un polígono, me dejaron allí y me encargaron limpiar dos ambulancias sin apenas explicaciones y sin ofrecerme ningún uniforme. Iba vestida de niña bonita y recuerdo que me puse la falda perdida de lejía. Terminado el trabajo, nadie venía a recogerme, se habían olvidado de mí, y acabé volviendo a casa llorando en un taxi. Mi madre me dijo que no volviera, que no tenía necesidad de quedarme en ese trabajo, pero a los pocos días me llamaron para disculparse. Decidí darles otra oportunidad y aquí sigo.
—¿Por eso ha dicho antes que los comienzos no fueron buenos?
—Sí, no fui muy bien acogida al principio. Yo era la típica niña de pueblo que no había salido en su vida de Arahal. Para mí, ir a Sevilla era como ir hoy a Barcelona. Era un mundo nuevo. Nadie me dio ninguna explicación. Yo era una niña muy introvertida y estaba bloqueada.
—¿Cómo era aquel SAMU de los años 80?
—Era una empresa muy pequeña y muy familiar, con solo dos ambulancias. Todo era manual, no había ordenadores, y las tareas eran muy variadas: reponer botiquines, preparar la comida para el equipo sanitario cuando llegaba de un servicio, lavar, planchar uniformes… hasta ayudar en la consulta privada del doctor Álvarez Leiva. En mis ratos libres, ayudaba a Cristina, la secretaria en esos momentos de don Carlos, y me convertí en la chica de los recados. Recuerdo que a veces tenía miedo, sobre todo cuando pasaba consulta con don Carlos.
—¿Miedo por qué?
—Porque era algo novedoso para mí. Don Carlos era una persona de un temperamento imponente y me daba pavor. Cuando él llegaba, yo no sabía dónde esconderme. Me metía en mi farmacia y me quedaba allí sentadita hasta que alguien me llamaba. Allí, además, no había horarios. Sabías a qué hora entrabas, pero no cuándo salías. A pesar de ello, me gustaba el trabajo que hacía, me sentía a gusto, no me preguntes por qué. Más tarde empecé a hacer guardias de Coordinación por la noche atendiendo la emisora de radio. Ese era entonces el método más rápido de comunicación, no había móviles. Yo era muy miedica y recuerdo pasar mucho miedo esas noches en aquel piso tan grande yo sola. De hecho, a veces se venía mi hermana conmigo.
—¿Qué ha sido lo que más le ha hecho sentir que este era su sitio?
—El ambiente de familia. Siempre me he sentido querida, valorada y escuchada. SAMU es mi casa y mi familia.
—¿Qué cambios destacaría como los más significativos?
—La evolución ha sido abismal. De dos ambulancias hemos pasado a una organización con variedad de servicios y centros por toda la geografía nacional e internacional. Pero la esencia no ha cambiado: la pasión por salvar vidas y ayudar a todo el que lo necesite.
—¿Cuál ha sido el mayor reto al que se ha enfrentado?
—Aprender sobre la marcha. Desde mecanografiar documentos sin haber tocado nunca una máquina de escribir hasta pasar consulta médica sin experiencia. Ten en cuenta que yo sólo había estudiado un módulo de FP de Auxiliar de Clínica. El Dr. Álvarez Leiva me ponía a prueba constantemente, y creo que superé cada reto. Durante aquellos años en SAMU no te enseñaban a hacer las cosas, tenías que aprender tú solo. No te decían los pasos que tenías que seguir, no te decían qué significaban los códigos que se escuchaban por la emisora, sino que tenías que buscarte la vida, aprendías a base de equivocaciones.
—¿Cómo ha sido su relación con el Dr. Carlos Álvarez Leiva?
—De profundo respeto, admiración y aprendizaje. Es exigente, pero también un gran maestro. Me ha enseñado todo lo que sé, y me siento muy orgullosa de seguir siendo su secretaria.
—¿Algún recuerdo o anécdota especial que resuma su estilo de liderazgo?
—Muchos. Recuerdo que una vez me pidió mecanografiar un documento larguísimo para el día siguiente, y resultó ser una prueba. Siempre estaba pendiente de todo, pero nunca pedía algo que él no lo hiciera primero. Por ejemplo, él empezaba el día a las cuatro de la mañana enviándonos las tareas por fax.
—¿Qué ha aprendido de él?
—Todo. Profesionalmente y como persona. La exigencia, la entrega, el espíritu de superación, la idea de que no existe el «no se puede». En SAMU siempre hemos dicho: «Dígame qué necesita, que se lo conseguimos». Recuerdo que en una ocasión pidieron presupuesto para un traslado sanitario en helicóptero. Yo contesté que no ofrecíamos ese servicio. Don Carlos, que siempre estaba pendiente a todo, me escuchó y me dijo: “¿Qué es eso de que no tenemos un helicóptero? Aquí tenemos de todo. Pregúntale de qué color quiere el helicóptero que se lo pintamos”. A mí eso se me quedó grabado.
—¿Qué valores cree que han permanecido intactos desde la fundación de SAMU hasta el día de hoy?
—La pasión por salvar vidas, por ayudar. La esencia sigue intacta.
—¿Cuál es la experiencia más impactante que recuerda?
—La primera vez que me dejaron sola atendiendo la emisora por la noche. Tenía miedo, pero me quedé. También recuerdo dormir en el suelo con cojines por estar cerca del teléfono. Mi compañera y yo dibujamos un croquis en un papel para poder repetir esa cama improvisada cada noche.
—¿Alguna misión humanitaria que le haya marcado?
—La caravana solidaria a Marruecos en 2023. Repartimos útiles de higiene y abrigo para 250 familias de aldeas del Atlas afectadas por el terremoto de Marrakech de septiembre de ese mismo año. Fue mi primera misión y me marcó profundamente. La sonrisa de los niños, la gratitud de la gente… Fue inolvidable.
—¿Cómo ha sido su evolución profesional?
—Empecé limpiando ambulancias y preparando comidas, y aquí sigo cuarenta años después. Desde ahí pasé a tareas administrativas, facturación, contabilidad, coordinación… He hecho de todo. He sido apoderada, accionista, gerente y, sobre todo, secretaria del Dr. Álvarez Leiva.
—¿Cómo definiría su estilo de gestión?
—Prefiero hacer antes que mandar. Me gusta escuchar, ser clara y directa, no dar rodeos. Pero igual que escucho, riño, lo reconozco. Y si hay que remangarse, se hace. Pero, sobre todo, soy compañera. Nunca me he sentido por encima de nadie.
—¿Qué supone para usted este nuevo cargo como jefa de Servicios Corporativos?
—Un nuevo reto. Estaba en un momento complicado dentro de la empresa con los últimos cambios, me sentía apartada de la gestión, incluso me planteé que a lo mejor era hora de prejubilarme. Y Carlos González de Escalada, presidente de SAMU, me rescató y me dio esta nueva oportunidad. Ahora vuelvo a estar ilusionada y quiero seguir siendo la Emi de SAMU muchos años más.
—¿Cuáles son sus funciones?
—Tener una visión general de la organización: labor de control, de flota, de seguros, de los recursos que tenemos, en qué estado está cada cosa. Ser un punto de enlace, control y recomendación.
—¿Qué cree que puede aportar después de tantos años en SAMU?
—Mucho conocimiento de la historia de esta casa, cuidar el detalle, ayudar. Soy un poco tiquismiquis, lo reconozco, me gustan las cosas bien hechas.
—¿Qué desafíos prevé en esta nueva etapa?
—El nivel de exigencia es alto, pero no me da miedo, estoy acostumbrada. Mi maestro fue el Dr. Álvarez Leiva.
—¿Cómo ha sido conciliar su vida personal con un trabajo tan exigente?
—He tenido la suerte de estar disponible siempre. El no tener cargas familiares me ha permitido entregarme totalmente a mi trabajo. Esto también ha sido una ventaja con la que ha jugado SAMU durante todos estos años (se ríe).
—¿Qué diría la Emi de 1986 si viera hasta dónde ha llegado?
—Diría: Qué de cosas aprendidas. Y que todo este camino ha merecido la pena. Me siento muy orgullosa y mis padres también lo estuvieron.
—Se ha emocionado.
—Sí, aquí siempre me he sentido muy querida, apreciada y valorada. Nunca me he sentido rechazada. Don Carlos fue médico personal de mis padres y a mi padre se le caían las lágrimas de orgullo cuando don Carlos le hablaba de mí. Don Carlos siempre me ha querido y me quiere mucho, lo sé. Y sus hijos, Carlos, Borja, Juan y Alex, para mí seguirán siendo “los niños” a pesar de los años. Juan González de Escalada, vicepresidente de SAMU, tendría 9 ó 10 años cuando lo conocí. A veces hacía los deberes sentado a mi lado. Y a Alejandro Álvarez Macías, consejero de Corporación SAMU, lo vi nacer. Es más, fui a la boda de sus padres. SAMU es mi casa, mi familia. No lo concibo de otra manera.
—¿Qué consejo le daría a alguien que empieza hoy en SAMU?
—Ser humilde, estar dispuesto a aprender, no cerrarse a nada. Entregarse. Y sobre todo, tener pasión por lo que se hace.